Zaz en Cartagena

A pesar de que la música es una de mis pasiones, soy de digestión lenta para las novedades. Padezco de cierta alergia hacia las cosas nuevas, lo cual es todo un inconveniente porque termino escuchando siempre las mismas canciones y, a veces, hasta en el mismo orden. Me pasa, incluso, con los artistas o intérpretes que adoro porque siempre me parece que lo último que han hecho no es tan bueno como lo que ya hicieron y que consiguió romper mis trincheras mentales. Si no fuera porque hace décadas que padezco de melomanía, la cosa sería de verdad preocupante.

Uno de los carteles caseros con los que Zaz se promocionaba por los bares de Montmartre
Uno de los carteles caseros con los que Zaz se promocionaba por los bares de Montmartre

Todo esto viene a cuento porque, de vez en cuando, (muy de vez en cuando, para mi pesar), una canción consigue reventar los muros de mis prejuicios musicales y se cuela hasta la cocina de mis meninges para, además, quedarse. Cuando ocurre tal cosa,  me suelo convertir en un fanático del artista o grupo en cuestión y lo quiero saber todo y escucharlo todo.

La última vez que experimenté una epifanía musical de ese calibre fue en uno de esos concursos de talentos que todo el mundo ve pero que casi nadie reconoce hacerlo. Una joven –alicantina, creo– cantaba con su guitarra ante los respaldos de tres sillas giratorias. Y cantaba en francés. Había algo en aquel ritmo roto y aquella sucesión de cinco acordes que hacía que la canción fuera nueva y vieja a la vez. Eso es lo que suele pasar con los grandes temas: cuando los escuchas por primera vez es como si los conocieras de toda la vida.

¿De quién era aquella canción? Pues de una chica francesa, con aspecto de hipster de manual, que, un año antes, en 2010 había reventado las listas musicales de toda la Europa francófona con aquel éxito llamado Je veux (Yo quiero). Se llamaba Zaz y, anoche, en Cartagena, conseguí verla en directo tras cuatro años esperándola. Fue en el marco del festival ‘La mar de músicas’ (www.lamardemusicas.com). Naturalmente, cantó Je veux, e hizo que las miles de personas que abarrotábamos el recinto al aire libre entráramos en un delirio compartido con la misma artista, alucinada al comprobar que nos sabíamos la letra de pe a pa en el francés que cada uno perpetrábamos como podíamos. No obstante, aquí prefiero compartir aquí el vídeo que hizo que descubriera a Zaz por primera vez hace cuatro años y grabado a iniciativa del periódico galo L’Express donde Zaz y sus músicos actúan en las calles de Montmartre.

Y es que fue cantando en las calles del antiguo barrio bohemio de París donde Isabelle Geffroy se convirtió en Zaz. Nacida en Tours en 1980, hija de una profesora de español y un operario de una compañía eléctrica, tiene una formación musical clásica de conservatorio que le permite tocar el piano, la guitarra y el violín. No obstante, su adolescencia quedó marcada por el divorcio de sus padres y el fracaso escolar que consiguió superar gracias una beca en una prestigiosa escuela musical de Burdeos cuyos responsables quedaron prendados de su portentosa voz y su asombroso sentido del ritmo.

Pocos artistas han tenido inicios fáciles. Zaz quería vivir de la música y, por eso, sus primeros años cantaba cualquier cosa. Empezó en un grupo de blues llamado Fifty Finger, continuó en un quinteto de jazz antes de acabar como una de las cuatro cantantes de la orquesta vasca Izar adatz (Estrella fugaz). Era un conjunto de variedades que actuaba en fiestas de pueblos del sur de Francia. En este enlace (con una calidad horrible) se puede ver a Zaz en acción a partir del minuto 3:38:

https://www.youtube.com/watch?v=CNQN5L6S_mk

Luego fue la vocalista de una curiosa formación llamada Don Diego que mezclaba música francesa con influencias españolas, árabes y africanas. Sin embargo, en 2006 decide trasladarse a París.En la capital francesa le esperan actuaciones en cafés como el Aux trois mailletz del Barrio Latino y, sobre todo, la orilla derecha del Sena, en Montmartre donde Zaz, su guitarrista y su contrabajista actuaban por las monedas de turistas y transeúntes. La propia Zaz ha dicho que alguna vez llegaron a recaudar hasta 450 euros en una hora, aunque lo normal era entre 60 y 90 a repartir entre tres.

Quizá por su condición de artista callejera y la voz rota la comparan constantemente con Edith Piaf aunque las diferencias entre una y otra son más que notables. Aquí se pueden comparar las dos cantando la misma canción. Se trata del gran clásico Sous le ciel de Paris por Edith Piaf: https://www.youtube.com/watch?v=T6fGuNNGKYI y la versión de Zaz incluida en su último disco, París, cantada a dúo, por cierto con nuestro Pablo Alborán: https://www.youtube.com/watch?v=XxGeJILz3bQ

Zaz cantaba en la calle cuando vio un anuncio en Internet donde el compositor y productor Kerredine Soltani buscaba una cantante con la voz rauque un peu casée (ronca y un poco rota). Soltani quería una voz única que interpretara, precisamente, Je veux. Mientras su primer disco se iba conformando, Zaz seguía dando tumbos. Colaboró con un grupo de rap con el que grabó un disco en directo que no se ha comercializado; viajó a Vladivostok invitada por el director de la Academia Francesa de aquella ciudad que la había oído cantar en una esquina; estuvo en Egipto poniendo su voz a un espectáculo de danza y acabó actuando durante un mes en el restaurante Papagayo de Casablanca (Marruecos) interpretando clásicos de la chanson francesa y boleros españoles. Aún no había salido su primer disco al mercado cuando volvió a Francia y a las calles de Montmartre a seguir cantando acompañada de guitarra y contrabajo y repartiendo a tres lo recaudado en la funda del instrumento.

Y entonces, en 2010, el primer disco de la cantante salió al mercado y la canción de Soltani hizo magia. Je veux rescata del olvido las formas rítmicas y armónicas del  jazz manouche o jazz zíngaro que nació, precisamente, en Francia de la guitarra prodigiosa del belga Jean Django Reinhardt en los años 30. Este estilo de jazz se caracterizaba por un ritmo de cuatro por cuatro con acentos en el segundo y cuarto tiempo (llamado la pompe, la bomba, de bombear) y por la ausencia de percusión. La formación típica de jazz manouche se componía de una guitarra, un contrabajo y un violín al que se le unían –si había un clarinete y un acordeón. Soltani cambió el violín por la voz de Zaz (y su alucinante trompetilla de la introducción del tema) y obró el milagro.

Hay que tener en cuenta de que estamos hablando de una desconocida que interpretaba un tema compuesto con mimbres pasados de moda hace décadas. Por eso, el descomunal éxito que Je veux tuvo en Francia, Bélgica y Suiza pilló a todos, incluida a la propia Zaz, con el pie cambiado. De la noche a la mañana se convirtió en una superestrella imposible de clasificar en unos tiempos –los nuestros– donde todo debe estar etiquetado para poder venderlo mejor y, más aún, en la maltrecha industria musical. Sin embargo, parece que Zaz se resiste a ser encasillada y su trayectoria discográfica indica que piensa seguir haciendo lo que le dé la gana. Tras su primer disco (editado bajo su nombre artístico, Zaz) había mucho morbo por averiguar si iba a ser capaz de hacerlo de nuevo. Y lo hizo.

Recto Verso, el segundo disco de Zaz, salió bajo la alargada sombra de su hermano mayor y sus 1’3 millones de copias vendidas. Entre uno y otro había publicado la grabación de un concierto bajo el nombre Sans tsu tsou que es prácticamente un disco de jazz vocal. Con Recto Verso Zaz combinó la chanson con el jazz, el rock y el pop de calidad con total desparpajo como puede verse en On ira, el single con el que se abría el disco y que, de nuevo, fue número 1 en las listas de países de habla francesa. Y otro millón largo de copias vendidas.

Entre un disco y otro,  por cierto, Zaz también participó en la banda sonora de La invención de Hugo de Martin Scorsese con este Coeur volant: https://www.youtube.com/watch?v=cChD2O9KLCM

Zaz viene a España estos días a promocionar su último disco, Paris, donde, de nuevo pretende descolocar a todo el mundo. Se trata de un conjunto de canciones icónicas sobre la capital francesa que ya han sido cantadas por pesos pesados como Ella Fitgerald, Frank Sinatra, Charles Aznavour (con quien se marca un dueto memorable en J’aime Paris au mois de Mai, por cierto) y, cómo no, Edith Piaf. Y, de nuevo, Zaz se atreve a fusionar de nuevo la chanson con el swing, el jazz, arreglos de big band y hasta el tango. Además ha contado con la colaboración de Quincy Jones, el legendario productor de Michael Jackson, lo cual quiere decir que Zaz no una de las miles de anécdotas que surgen de Internet sino que, cuando vino, lo hizo para quedarse.

A pesar de todos los intentos por clasificarla, Zaz se resiste a ello. Le han llamado la Edith Piaf de Youtube y la doncella de la chanson del Facebook. Es evidente que, en esta sociedad en la que vivimos que cada vez está más comunicada pero peor informada, se necesitan referencias del pasado de manera constante para, normalmente, vender. Y Zaz –en contra de la corriente dominante– no se deja clasificar, para regocijo de sus acólitos que ya somos legión.

Para los que tengan ganas y oportunidad de hacerlo, Zaz aún tiene tres actuaciones más en España. Actúa este jueves, 23 de julio, en el Heineken Jazzaldia de San Sebastián (http://heinekenjazzaldia.com/es/), el viernes en Madrid (http://www.madgardenfestival.com) y el sábado en el Festival de Guitarra de Barcelona (http://www.theproject.es/es/f-75/GUITAR-BCN).

Para acabar este primer post, otro dulce: pertenece a Sans tsu tsou, la grabación en DVD de la gira de Zaz de 2011. Ella, acompañada por una guitarra y un contrabajo, se atreve con un icono de la bossa nova: Corcovado de Tom Jobin. Ecoutez et savourez! Merci, Zaz.  https://www.youtube.com/watch?v=QDrz6CcXIyQ&spfreload=10